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Isabel Corral Jam parte tercera

Desierto Teneré

No quería consumir el agua, psicológicamente me ayudaba escuchar el golpear del líquido en el bidón con el movimiento del camello. Pensaba “todavía puedo hacerme un café”, y eso me daba ánimos.

De todas formas, la primera fase por la que pasé fue catastrófica, de las vueltas que di perdí muchas energías. Comprendí que no me quedaba más remedio que continuar hasta el siguiente pozo. Cometí torpezas tan brutales como intentar acortar en línea recta, lo que me obligó a subir dunas, algunas de ellas no tenían salida, terminaban en precipicios y no me quedaba más remedio que volver sobre mis pasos.

Estaba extenuada pero, por suerte, tuve la suficiente claridad mental para reflexionar, sabía que si seguía así me moría en horas.

Me tumbé e intenté relajarme. Metí la cabeza debajo de la panza del camello para librarme del sol. La humedad del odre me refrescaba. Me quede adormilada. Cuando me recuperé, saqué el mapa y planifiqué la siguiente etapa. Lo fundamental era gastar el mínimo de energía. Comencé a andar sólo de noche, a no beber nada durante el día. Cuando oscurecía, me permitía menos de medio vaso de café. La perra se tumbaba frente a mí, me miraba, gemía. Para que no sufriera más pensé en matarla, pero era incapaz.

En esas condiciones, ¿viste espejismos?

I.- No, espejismos no, pero por motivo de la fiebre tenía alucinaciones. Oía cánticos corales, creo que deliraba. Me iba deshidratando por momentos. Al principio intenté reaccionar contra ello pero luego lo vi lógico y me resigné. Llevaba la radiobaliza pero ni se me ocurrió utilizarla para pedir socorro. A pesar de que aceptaba la muerte, tenía la certeza de que iba a encontrar agua. Como siempre, mantenía el poquito líquido que se agitaba en el bidón de plástico. Tenía la convicción de que alcanzaría un pozo. Estaba equivocada, si no habría sucedido algo fuera de lo previsto, como me sucedió, nunca hubiera llegado.
Desierto Teneré

¿Te dabas a ti misma por muerta?

I.- Me veía a punto de morir pero seguía el camino. Lo único que me preocupaba era dejar una nota para un amigo y mi hijo, pero era incapaz de escribir. Si me pasaba lo peor, quería que alguien leyese los cuadernos del viaje. Por lo demás, si había de morir era normal, ya había llegado mi hora.

¿Cómo te salvaste, ocurrió un milagro?

I.- Entré en una zona en donde cabía la posibilidad de que transitaran seres humanos. Localicé unas rodadas de coches y supuse que estaba dentro de la ruta turística. Pero las perdí. Me costaba cargar los animales, me mareaba y caía al suelo. Como no tenía fuerzas, el último día me dejé llevar por una camella. Iba medio desmayada, totalmente aturdida. Me hallaba en esas circunstancias cuando, de repente, apareció un hombre a mi lado. Al principio no me di cuenta, como me ardía la cara torcía la cabeza orientándola hacia la brisa y no miraba de frente. Me sentía abrasada. Sin saber cómo oí a mi lado “i Ssalamu aleikum!

Te prometo que oír aquel saludo fue como un milagro. ¿Era un espejismo? No lo sabía pero le supliqué: “akci aman, akci aman”, (“dame agua, dame agua”). Fíjate, todavía me quedaba un poquito. Me preguntó si tenía té, le respondí que sí. Me lo preparó. Tenía tanta sed que me lo hubiera bebido de un trago pero el hombre con su sabiduría del desierto me lo prohibió, me dio un sorbito y me quito el vaso. Pasó un rato y repitió la operación hasta que me sacié. Si bebo de golpe me muero fulminantemente, así que me salvó.

Les extrañaría encontrar en esas circunstancias a una mujer extranjera.

I.- Pensó que venía acompañada de más gente. No entendía que estuviera sola. A pesar de la fiebre, me di cuenta de que miraba mis pertenencias por si tenía algo de valor. Tuve miedo y eché mano de la pistola lanzacohetes. Era un pistolón efectivo, porque él y sus compañeros cambiaron de idea.

Es decir que quien te salvó, a continuación te quiso robar.

I.- Antes de darme de beber descargaron los camellos y revisaron el equipaje. Creí que eran bandidos pero les estoy muy agradecida porque gracias a ellos conservo el pellejo.
Me pidieron que esperáramos juntos hasta que apareciera algún vehículo. Efectivamente, llegaron coches con turistas de urra agencia de viajes. Eran franceses y se quedaron alucinados. Se pusieron a mi alrededor para sacarme fotos. Me invitaron a comer. Para mí, que estaba acostumbrada a la austeridad de los dátiles y la carne seca, fue una comida fantástica.

Desierto Teneré

¿Proseguiste el itinerario sola ?

I.- No. Un chaval targui se encargó de llevar los camellos a pastar. A mí me condujeron en un coche hasta el campamento del pozo que tanto ansiaba alcanzar. Me lavé y estuve casi una semana recuperándome al lado de una familia tuareg. Un anciano me propuso continuar juntos con dos niños. Caminamos por las montañas del Air. Este era un paisaje de piedras volcánicas negras que me impresionó más que el desierto de arena. Era muy enigmático, oscuro y frenético.

Una vez que terminé esta travesía en la localidad de Iferouane, después de 68 días y dos mil km andados, me presenté en la gendarmería porque, como le prometí al ministro del interior, quería comunicarle por radio que me encontraba bien.

Para mi sorpresa, los policías me obligaron a bajar todo de los camellos y se negaron a que enviara el mensaje. Tras pedirme los papeles me detuvieron acusada de algo tan absurdo como el querer abatir aviones con la pistola lanzacohetes. Me interrogaron con malos modos, preguntándome dónde estaban el resto de mis compañeros y cosas similares. No comprendía aquella situación y tampoco me daban explicaciones. Me negué a que me cachearan, exigía mis derechos pero estaba claro que allí no existían.

Me confiscaron todo, incluso los animales. Me retuvieron en la gendarmería sin darme de comer. En mi condición de cooperante solicité que me dejaran ir a la casa de unos americanos. Accedieron. Me llevaron custodiada pero estos cooperantes no me dieron agua ni tan siquiera me dejaron lavarme las manos.

Enlace relacionado

Puedes seguir leyendo pulsando en el siguiente enlace: Ver la cuarta parte.

Puedes empezar la historia de Isabel Corral Jam desde el principio pulsando el enlace: Ver Isabel Corral Jam parte primera

Referencias

Entrevista de Roge Blasco en su programa Levando Anclas.
En el siguiente enlace puedes ver el blog de Isabel Corral Jam.

 
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