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Isabel Corral Jam parte segunda

Desierto Teneré

De modo que ya solo te restaba partir.

I.- Con un mes de retraso, el día 1 de enero de 1985 emprendía la marcha. Salí en silencio mientras los cooperantes con los que convivía y que tanto se habían metido conmigo, dormían después de una Noche Vieja de celebraciones.

¿Por qué te criticaban?

I.- Rumoreaban que estaba loca porque quería irme al desierto y porque vivía totalmente integrada con los locales. Los cooperantes me invitaban a sus fiestas pero no eran de mi gusto.

¿Pediste la colaboración de algún guía tuareg para internarte cn el Teneré?

I.- Para obtener el permiso me obligaron a llevar unos guías. Escogí a dos camelleros parientes de Mohamed. Tenía confianza en ellos pero ni tan siquiera eran nómadas, jamás habían salido de Tahoua. De todas formas, para tal cometido no existían guías pues nadie había osado meterse en tal aventura. Tampoco necesitaba a nadie pues quería hacerlo por mi cuenta.

Tan solo me serví de una brújula y un reloj. El único problema de orientación que tuve fue al inicio de la marcha, por fiarme de los guías. Al tercer día me pidieron que sacara la brújula porque no tenían ni idea en qué punto nos encontrábamos. Además, no admitían las órdenes de una mujer y empezamos a llevarnos mal. No querían trabajar, tenía que hacerles la comida. No eran previsores y no controlaban el agua y eso en aquellas circunstancias no podía ser. Para colmo, se subían a los camellos mientras yo iba a pie. El camello es un animal muy delicado, si se fatiga se le paralizan las patas traseras y por más que quieras, no puede caminar hasta que se recupera después de un largo tiempo. Por lo tanto, es muy raro ver a alguien montado en un camello en una larga marcha por el desierto, debe de ser tan solo por un motivo excepcional.
Desierto Teneré

¿Cómo se portaron los camellos?

I.- De entrada, una de las camellas parió a media jornada de camino a un pozo. La cría murió nada más nacer. Descansamos varios días para que la madre se recuperara, los guías le hicieron una sangría y el animal perdió mucho más sangre. Continuamos la marcha y a los dos días se derrumbó. Mis compañeros se llevaron hasta el último hueso. Me quería deshacer de ellos pero no había manera mientras permaneciéramos en el desierto. ¿En dónde les dejaba? Tuve la respuesta cuando alcanzamos el oasis de Pachi, la última población antes de penetrar en el ‘Veneré.

Los camellos llegaron muy cansados. Tuve que vender a dos de ellos para carne porque no servían para otra cosa. Solo me quedaban tres y ello me sirvió de pretexto ya que todos no podíamos continuar. Avisé al puesto de gendarmería de que dejaba a los dos hombres y me entendieron. Les di su salario y el consejo de que regresaran a casa con el primer camión que pasara.

¿Cómo hacías para orientarte cn un paisaje sin referencias aparentes?

I.- Andaba con los cinco sentidos alerta. Colgado del cuello llevaba un cuaderno y un bolígrafo en el que apuntaba absolutamente todos mis movimientos. El control era obsesivo. Sabía los kilómetros que hacía por el número de pasos, indicaba todas las desviaciones con la brújula, con un cronómetro controlaba el tiempo. Al final de cada etapa pasaba estos datos al mapa para saber mi situación exacta. Las referencias eran tan débiles que me veía obligada a fijarme en una piedrecita determinada o en cualquier cosa nimia.

¿Se asomaron los escorpiones?

I.- En cierta ocasión acampé en una hondonada. Cuando me desperté tenía la manta llena de escorpiones pequeñitos, casi transparentes. Sobre el suelo había una plaga de ellos. Me asusté mucho pero vi que la perra y el gato jugaban con ellos y después se los comían. Anduve descalza y ninguno me picó.

Tus más ,fieles acompañantes fueron la perra v el gato. ¿Cómo se adaptaron al terreno?

I.- El gato Kay se acurrucaba envuelto en una manta a lomos del camello y no se enteraba de nada. Sin embargo, la perra Dicka nunca consintió que la subiera. El pobre animal anduvo los casi dos mil kilómetros.

La perra y el gato se hicieron amigos, bebían el agua del mismo recipiente y jugaban entre ellos. Nunca me explicaré cómo una noche desapareció el gato. Se esfumó sin dejar ni un solo rastro, ni tan siquiera una huella en la arena. La perra al menor ruido ladraba y esta vez ni se enteró.

Más tarde los tuaregs me resolvieron el enigma. Según lo que cuenta su tradición, se trata de algo de lo más natural, porque el gato es un animal del diablo. Simplemente se lo llevaron sus congéneres, los “djenoun”, una especie de diablos del desierto.

La perra le echó mucho de menos. Al final de la jornada, cada vez que levantaba el campamento, buscaba al gato pues estaba acostumbrada a jugar con él en ese momento.
Desierto Teneré

¿Resistió el Iravcclo la perra?

I.- A los pocos días de regresar a casa, en Tahoua, se volvió loca. Con la falta de agua el animal sufrió muchísimo y a mí, al verla, se me encogía el corazón. De ninguna manera quería subir al camello. Jadeaba con la lengua fuera. Llegó un momento en el que no le podía dar agua pues no tenía ni para mí.

¿Qué te sucedió para quedarte sin agua?>/h2>

I.- Cuando finalmente terminé el Teneré y entraba en el Air, sobre el mapa tenía marcado un lugar para proveerme de agua. Un “aguelman”, una especie de olla en donde teóricamente siempre hay agua pero en esta ocasión estaba seco. Pensaba que me había equivocado, di vueltas y vueltas hasta que terminé convencida de mi desdicha.

Vaya sorpresa más desagradable. ¿Cómo encaraste la situación?

Mi primera reacción fue de desesperación. Estaba ofuscada, debía encontrar el agua a cualquier precio. Solo me quedaba un bidón de cinco litros que estaba hasta la mitad. Esa noche lo pasé muy mal. Observé huellas de animales y personas pero no había absolutamente nadie. Para más desgracia, en el oasis de Fachi, como me quedé con menos camellos, tuve que desprenderme de parte del equipaje. En el dispensario sanitario me hice amiga de un enfermero y le entregué suero y pastillas para la deshidratación por si fueran necesarias para los pacientes. A cambio, él me dio pastillas de leche de la Cruz Roja que me sirvieron pero, al parecer, no lo suficiente porque me deshidraté. Al segundo día, al verme las manos me espanté, tenía la piel negra y completamente pegada a los huesos.

Enlace relacionado

Puedes seguir leyendo pulsando en el siguiente enlace: Ver la tercera parte.

Puedes empezar la historia de Isabel Corral Jam desde el principio pulsando el enlace: Ver Isabel Corral Jam parte primera

Referencias

Entrevista de Roge Blasco en su programa Levando Anclas.
En el siguiente enlace puedes ver el blog de Isabel Corral Jam.

 
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