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Isabel Corral Jam parte cuarta final

Desierto Teneré

Es inaudito, después de lo que sufriste en el desierto, en lugar de agasajarte te ves envuelta en una situación kafkiana.

I.- Primero pensaron que era una espía libia y, luego, que era una profesional de la fotografía pornográfica, algo inconcebible. En un coche militar me trasladaron a Arlit. Desde allí proseguirnos el viaje a Agadez pero, como no tenían dinero para la gasolina, me metieron en un taxi-brousse (taxi-colectivo). Iba con la perra entre mis piernas y custodiada por dos soldados, era la única blanca y pasé vergüenza delante de los demás pasajeros. Una vez en la ciudad, todos bajaron menos yo que continué hasta la gendarmería. Tuve que esperar al comandante que se personó de madrugada e inició los interrogatorios. Me insultaba y se burlaba entre chantajes y coacciones.

Seguro que estabas más desorientada que en pleno Teneré.

I.- Aquellas circunstancias me desbordaban. Primero fue la sorpresa y luego, tuve miedo porque sé cómo funcionan y no tienen piedad. Era muy fácil para ellos hacerme desaparecer, venía del Sahara y si no retornaba, significaría que me había quedado entre sus arenas para siempre, nadie me iba a reclamar.

¿Cómo y cuándo te viste libre?

I.- Pedí hablar con el ministro del interior desde el despacho del Prefecto. Conseguí una cita con él en Niamey y me entregó una carta mediante la cual se confirmaba que estaba libre y que debían devolverme todas mis pertenencias.

¿Ahí terminó el viaje por el desierto?

I.- Desgraciadamente no me dejaron continuar. Los camellos me los entregaron dos meses después, no los alimentaron y a la semana se murieron. Se me habían terminado las vacaciones y me reclamaban en el trabajo.

¿Cuánto tiempo te llevó esa odisea?

I.- Casi tres meses. Partí el 1 de enero. Me detuvieron el 9 de marzo y hasta el 25 de ese mes no me soltaron. En total caminé unos dos mil kilómetros.

¿Cómo fuiste recibida por tus compañeros de trabajo y por los nativos?

I.- Una de las cooperantes francesas que tanto se metieron conmigo, al verme puso cara de estar ante una aparición. La verdad es que llegué muy cambiada, negra, quemada, flaca. Su expresión fue: “Ah, pero no te habías muerto!” Escucharlo fue para mí un triunfo. Desde entonces la gente empezó a respetarme, antes me habían tomado por loca y ahora era una heroína.

Dicen que hasta los tuaregs hicieron cantares de tu gesta.

I.- Sí, estaban muy orgullosos de ser mis amigos. Me hicieron un tende, una fiesta tradicional, y una de las canciones narraba mi hazaña. Son de tradición oral y una forma de transmitir los principales aconteceres es a través de la canción.

Desierto Teneré

Como si no hubieras tenido suficiente, preparaste una segunda expedición.

I.- Vino a visitarme mi hijo en las vacaciones de verano. Era el mes de agosto y mi contrato expiraba aquellos días. En vez de venirme para España, nos compramos unos camellos en el mercado y nos fuimos con los nómadas a seguir la trashumancia durante veinte días. En la ruta de los pastos me relacioné con nobles tuaregs y uno de ellos se quiso casar conmigo. Era el típico tópico de hombre targui, con un gran tipazo, de casi dos metros. Su porte era digno, orgulloso.

Una noche en el campamento convocó a toda su familia para pedir mi mano. En ese momento, como obliga la tradición, yo no podía estar presente. Me lo comunicó después, acompañado del marabu que es el juez, conocedor del Corán, teóricamente él nos casaría. Pregunté a mis amigas targui para que me aconsejaran sobre el número de camellos que me correspondían en la dote. Lo justo es que pidiera seis pues la sequía no daba para más. El noble accedió después del regateo.

No me importaba casarme porque entre los tuaregs el divorcio está a la orden del día, de hecho él tenía otra mujer de la que se iba a separar al elegirme a mí. Me habría gustado casarme para conocer una boda tuareg por dentro pero me fui. Se me acabó el contrato de cooperante.

En la actualidad

Isabel Corral Jam (Melilla, 4 de agosto de 1946) regresó de Níger aquejada de tuberculosis. En Madrid se reintegró a su trabajo de enfermera en el hospital.

Su siguiente salida fue a Egipto. El Cairo le entusiasmó. Hizo un reportaje y a partir de entonces su firma se fue haciendo cada vez más habitual en las revistas de viaje y otras como Elle o Marie Claire. Animada por esta nueva etapa de reportera visitó Borneo, Singapur, Noruega, Irlanda… Marruecos le fascina de tal manera que desde 1987 se convierte en un destino que visita anualmente. Lo recorre a fondo y allí conoce al que sería su compañero durante los próximos ocho años.

En 1992 la llamada de su tierra africana golpea fuertemente sobre su corazón siempre dispuesto a la aventura. Marcha a Níger al encuentro de sus amistades tuaregs pero, tristemente, ya no son los mismos. Los clanes están rotos, hay un conflicto bélico que los enfrenta a los gobiernos de Níger y Malí. Los militares contaminan los pozos y los tuareg suben a las montañas para organizar la guerrilla.

Isabel fotografía a los desplazados, a los que acompaña clandestinamente hacia la frontera Libia.

En 1993 se produce la explosión en el aeropuerto de Argelia, la noticia da la vuelta al mundo. Es un riesgo para cualquier extranjero acercarse a Argelia, sin embargo, Isabel regresa al Sahara. A partir de entonces son continuas sus entradas y salidas a este país, Níger y Malí. Empieza a despertar sospechas, porque siempre viaja sola y se mezcla con los tuaregs. Su obsesión es retratar a los refugiados, las secuelas de una guerra acallada y, sobre todo, convivir con la guerrilla.

Le dan cobijo en las casas de sus amigos. Para pasar desapercibida se viste de hombre targui. En varias ocasiones es detenida e interrogada, le abren un expediente en el que le acusan de presunta espía. Cada vez tiene más dificultades para moverse, tanto por culpa de la policía como por su débil estado físico. Nota debilidad en las piernas, apenas se mantiene en pie. En las Navidades de 1993, de vuelta a Madrid, le diagnostican cáncer.

Desierto Teneré

Se opera en mayo. Está convaleciente durante un mes en el hospital. No puede caminar.

Una vez más rehace su vida y se dedica a la fotografía artística con la que obtiene diferentes premios.

En otoño de 1994, inesperadamente, recibe una llamada desde París de un jefe de la guerrilla tuareg. Es la oportunidad que esperaba durante años, no la puede desperdiciar aunque todavía se ayude de las muletas para andar. Sin perder tiempo acude a la cita en la capital francesa pero le dan plantón. No se desalienta, presiente que es el momento y no da marcha atrás, saca el visado para Níger. Se planta en Agadez en donde le espera un amigo fiel. Vuelve a disfrazarse de hombre. Alquila un camello y cabalga por las montañas al encuentro de la guerrilla.

En una noche de ensueño consigue el propósito tan añorado. Pero a Isabel Corral, la mujer que era un mito para los tuaregs, al descabalgar de su montura, no le responden las piernas.

Durante un tiempo vivió en diferentes campamentos guerrilleros, se repuso y fue aceptada como una más entre los de su raza por su valentía. Alguno de los jefes tuaregs dudaba incluso de que fuera mujer.

El 15 de marzo de 1995 regresó definitivamente a Madrid. Después de ser reconocida como una prestigiosa reportera gráfica y fotógrafa creativa con diversas exposiciones, su estado de salud y problemas personales le hicieron desaparecer de la vida pública.

Gracias a la celebración del programa especial de los 20 años de Levando Anclas, emitido el 25 de marzo 2004 desde el Museo Marítimo Ría de Bilbao, Isabel Corral reaparece de nuevo en un medio de comunicación.

Tiene pendiente la publicación de varios libros, entre ellos el que relata la odisea de cruzar a pie y en solitario el Teneré.

Enlace relacionado

Puedes empezar la historia de Isabel Corral Jam desde el principio pulsando el enlace: Ver Isabel Corral Jam parte primera

O puedes seguir leyendo pulsando en el siguiente enlace: Ver otras historias.

Referencias

Entrevista de Roge Blasco en su programa Levando Anclas.
En el siguiente enlace puedes ver el blog de Isabel Corral Jam.

 
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